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 Muchas son las preguntas sobre Dios que miles de millones de hombres se han hecho a lo largo de la historia de la humanidad: Si Dios existe, ¿quién es Él, ¿cómo se le puede conocer, ¿cómo se lo puede imaginar, ¿cómo se le puede hablar? ¿Es Dios una categoría mental más de las tantas que creamos y por lo tanto es producto de nuestra imaginación, o ese Dios existe realmente y se ha comunicado con nosotros de alguna manera objetiva y verificable, y nos ha revelado algo de quién es Él?

Estos interrogantes ha sido motivo de innumerables confrontaciones entre los que afirman que Dios si se ha comunicado con nosotros y los que afirman que ese Dios no nos ha hablado nunca y que por lo tanto es producto de nuestra imaginación, de nuestro deseo de sentirnos protegidos y especiales cuando nos damos cuenta que somos varios billones de humanos viviendo en este punto azul, la Tierra, suspendida en el firmamento compartiendo el espacio con miles y miles de estrellas de nuestra galaxia y ésta, a su vez, acompañada por miles de otras galaxias ejecutando el baile cósmico de nuestro universo. 

Es, pues, necesario hacer una revisión histórico-crítica y de fondo para averiguar si existe o se ha dado la posibilidad de una comunicación entre este Ser-Dios y nosotros, la Humanidad. Y si ha ocurrido, de ¿qué manera se ha hecho dicha comunicación? Y si se ha dado, ¿qué nos ha dicho Dios de Sí mismo que nos sirva para hacernos una imagen comprensible de quién es Él, de cuál es su posible Esencia?


 Existen muchos buenos Diarios de madres embarazadas, pero un diario escrito por un “padre expectante” no es común. La mayoría de los hombres suelen ocultar sus emociones y sentimientos bajo el arquetipo de tener que ser un “hombre fuerte y duro”, a pesar de que la llegada de su primer hijo suscite en él una oleada de nuevas y profundas emociones. La franqueza, fl uidez y espontaneidad con que el autor ha dejado consignados esos sentimientos, muchas veces no confesados o reconocidos por otros “padres expectantes”, le permitirá, al que se encuentre en similares circunstancias, encontrar un cúmulo de referencias que le ayuden a tematizar conscientemente lo que pudiera pasar como confusos pensamientos o aturdidos sentimientos.

Este pequeño libro tiene ese mérito. El autor ha dejado correr libre su pluma para contar, sin vergüenza, las emociones que le embargaron mientras su esposa le compartía la gestación de su primer hijo. Los “padres expectantes” pueden y deben participar conscientemente en esta preciosa vivencia que las mujeres han tenido que experimentar solas por demasiado tiempo. Los hombres son también pro-creadores del hijo o hija que viene en camino. Estar presente durante el desarrollo del embarazo, sentirlo mientras se desarrolla, captar su grandeza lo hará un mejor padre, y mientras más cercano experimente ese extraordinario evento más podrá brindarle a su esposa o compañera el apoyo que requiere para llevar ese embarazo como una experiencia de Amor creciente de los tres. 

Que la lectura de este opúsculo ayude a todos a revalorar ese Milagro de la Vida que, a fuerza de repetirse muchas veces durante nuestra vida, ha dejado de asombrarnos. Esperamos que le brinde a los nuevos ‘”padres expectantes” la oportunidad de vivir ese Milagro con la plenitud que solo puede obtenerse cuando se participa activa y conscientemente en el ciclo de la Vida, cada vez que, en forma única e irrepetible, se es padre.

Hoy, en el mundo occidental, hemos sido testigos de mujeres que son elegidas presidentes o primer ministro; de mujeres que han ganado premios Nobel, que sobresalen en los deportes ganando medallas olímpicas, que son excelentes en todas las áreas del arte, que han defendido los derechos de los más débiles y sin voz, que han escalado montañas y están activas en la política. Las mujeres hoy día se encuentran en los trabajos más arduos como son las paramédicas de emergencias, las obreras en las fábricas de maquinaria pesada y en las construcciones de rascacielos; en los laboratorios de investigación, o como miembros de equipos que manejan materiales tóxicos. 

Pero este no era el panorama 175 años atrás. Por el contrario, las mujeres desde la Edad de Piedra hasta los albores del siglo XX, han estado oprimidas por el solo hecho de ser mujeres. Los roles sociales, culturales, económicos y políticos, definidos por los hombres de esas épocas, obligaron a la mujer a quedarse en el hogar criando a los hijos, sin poder aspirar a jugar un rol de envergadura en la construcción de la historia. 

La explosión de las mujeres que participan hoy día en la vida social, política y económica de los países avanzados da la impresión de que ese pasado, dejó de existir. No es verdad. Este nuevo movimiento de las mujeres, que ha alcanzado victorias indiscutibles y les ha brindado un rol consciente de su papel en el desarrollo de la historia de la humanidad, ha sido un proceso muy lento que ha demandado mucho esfuerzo de parte de ellas. Apenas estamos siendo testigos del potencial que las mujeres tienen y el brillante futuro que han de crear para la humanidad. Apreciar, defender y promover esta evolución es la intención de este libro.

 

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