La reliquia: El vuelo del cóndor III

mtm editores
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 Tras haber superado su prueba en la Fortaleza de los Adeptos, Pituco regresa a la Ciudad Santa. Imo-a, el Gran Cóndor, cumple su palabra y proporciona al joven la identidad de que carece por el arbitrio de adoptarlo como hijo. Pituco, convertido en el Halcón Dorado visita, con todos los honores el Coto en el que están instalados su madre y hermanos, a los que se ha agregado Cuervo-pico. Después de este reencuentro se reincorpora en la operación de caza iniciada contra infiltrados y traidores.

La noble sacerdotisa Jak aprovecha un desliz del príncipe Atusco para remover las aguas. Responsabiliza de la ofensa que a ella se ha infligido al Capitán real, tutor del príncipe, y exige su encarcelamiento. Atusco se ve restringido en su libertad de acción y sometido a un disimulado arresto domiciliario. Además se substituyen por otros los componentes de su escolta personal. Pituco es uno de los guardias nuevos; su misión consiste en ganarse la confianza del príncipe y, a través de él, ponerse en el rastro de los conspiradores que tras él se amparan. Puestos en estas pesquisas, surge la sospecha de que entre los traidores se cuenten sacerdotes del más alto rango, o, en su defecto, allegados muy próximos a ellos.

Cuervo-pico confía a Imo-a el secreto de su vida. Le refiere que él conoce el paradero de la Reliquia más preciada de los sacerdotes del Sol, el Niño Dorado que, en el pasado, fue arrebatado a su Madre y vio profanado su santuario; el buen viejo le ruega que, acompañado de Pituco, se cuide de rescatarlo. Hará falta un milagro, afirma, que afiance la esperanza del pueblo. Es imprescindible que se restituya en su Hogar la inapreciable Reliquia antes de que la temida invasión se inicie. Imo-a accede.

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About the author

La vida de Ángela Edo estuvo en corcondancia con la muy gris que se corresponde con una mujer que, en un aspecto material, fue desde que nació hasta su muerte pura y simplemente una obrera.

Nació el 2 de agosto de 1903 en Lucena del Cid (Castellón), en cuya iglesia fue bautizada. Parece que no nació en la misma Lucena, sino en algún lugar de su término al que Ángela se refería vagamente como “Els Masos”. Siendo una niña, con sus padres y tres hermanos menores que ella, como una de tantas más familias desarraigadas, se trasladaron a Barcelona. De inmediato, ella y la hermana que la seguía en edad, entraron a trabajar en una imprenta como aprendizas

Eran tiempos duros en que los niños trabajaban sin tope de edad y ni siquiera la enseñanza más elemental estaba al alcance de todos. Así que Ángela nunca puso los pies en una escuela. Eso no obstaba para que estuviera llena de inquietudes y esas inquietudes cristalizaran en que por sí sola aprendiera a leer primero y a escribir después, quizá de algún modo ayudada por sus hermanos que, por ser chicos, fueron admitidos en una escuela gratuita.

Arrancando de ese punto de partida, empezó a leer y leyó cuanto le cupo. Tampoco resultaba fácil hacerse con lecturas.

Se casó. Nació su hija, Liberta Bassas. Estalló la guerra civil con todas sus miserias. Los hombres jóvenes fueron llamados a filas en uno y otro bando; se les pusieron armas en las manos. Muchos no volvieron. Nada era fácil. Los hospitales estaban abarrotados de heridos. Había demanda de personal médico. Se organizaron cursillos para formar enfermeras. Ángela se inscribió en uno de ellos. Obtuvo el título de enfermera y con él un puesto en el hospital de sangre. Su sueño más preciado e irrealizable hubiera sido ser médico.

Cuidando de carne joven en muchos casos reducida a piltrafas, vivió los últimos estertores de la guerra. Se inició la posguerra. Mientras duró el apremio, a nadie se le discutió el derecho al título que lo acreditaba. Después, por ser fruto de un gobierno declarado ilegítimo, se exigió la revalidación de aquellos títulos mediante un examen. Había que pagar el derecho a ese examen. Ángela no tenía con qué pagar: no había dinero ni trabajo. ¡Ya no era enfermera! No cabía rendirse. Se había de empezar de nuevo desde cero.

En los momentos más duros de esa posguerra sin sol, inició la tarea para la que estaba predestinada: la de escribir libros, nacidos desde la primera línea como narraciones completas con su principio, su acción y su final, envolviendo todo ello un contenido de inestimable valor trascendental.

De inmediato se presentó un primer problema. Ángela temía a las plumas, incluso a las estilográficas. Empezó escribiendo a lápiz, poco consistente y nada fiable en lo que toca a “permanencia”. En aquel momento, en verdad crucial, apareció el bolígrafo. Este anuló el casi insalvable obstáculo. El bolígrafo se manejaba como un lápiz y de él fluía tinta. Nada se oponía ya a que diera vida a las criaturas que llevaba dentro, tan hijas suyas como la de su sangre, pues aquellas lo eran de la savia de su espíritu.

Escribía incansable en horas robadas al descanso, a vuela, no pluma sino bolígrafo. Página tras página llenaba folios de papel rayado. Lo hacía con método, con constancia, sin rendirse jamás mientras con sus cortos ingresos de obrera se esforzaba por dar a su hija lo que ella siempre deseó y nunca pudo tener: estudios.

Cuando alcanzó la edad de la jubilación trabajaba, ¿cómo no?, en una pequeña imprenta. Murió en Barcelona, un 10 de junio de 1991.

Illustration

Ángela Edo pasó por esta vida desapercibida. De nadie mejor que de ella cabe decir que muchos la vieron pero nadie la conoció.

Su vivir, admitámoslo, no pudo ser más anodino. Vivió colmada de estrecheces y dificultades y sin embargo, ¡sin embargo!, nada le impidió desenvolver una extensa producción literaria estructurada en forma de novelas más o menos fantásticas, de las que su hija es depositaria y transmisora.

La obra de esta extraordinaria autora, dotada (dicho sea de paso) de facultades psíquicas excepcionales, es el legado inapreciable de un titán espiritual que sería imperdonable que se perdiera. Esta consideración ha motivado a mtm editores a poner esa Obra en manos de los lectores que no sólo aspiran a deleitarse con la lectura, sino a “realizarse” en su progreso interno.

A esos lectores dedicamos nuestra Colección Legado. 

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Additional Information

Publisher
mtm editores
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Published on
Dec 29, 2016
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Pages
354
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ISBN
9788416497645
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Features
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Language
Spanish
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Genres
Fiction / Fantasy / Epic
Fiction / Fantasy / General
Fiction / General
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 Largos son los caminos del Señor, largos e impenetrables. ¿Quién le habría dicho a Simón-Pedro, en sus tiempos de pescador en Galilea, que acabaría sus días cruci? cado en Roma, corrompido corazón del Imperio romano?
Singular vino a ser, en verdad, el hacer de aquel hombre rudo e inculto cuya vida fue encrucijada de contradicciones.

En este libro, “Pedro, el pescador de hombres” se habla de él como es lógico, pero no en un aspecto estrictamente biográfico. Digamos que más que su trayectoria humana, importa ofrecer un atisbo de su trayectoria espiritual.

Puede que sorprenda al lector que episodios de su vida de sobras conocidos y estrechamente vinculados con su calidad de infatigable seguidor de Cristo, se traten someramente e incluso se omitan. Para que así sea existe una imposición estructural. Ocurre que este libro, aunque independiente, forma cuerpo con el de “Jesuá, el hijo del Hombre”, en donde esos hechos se tocan con detenimiento. Los en cierto modo “recortes” se justifican por descargar el texto actual de repeticiones. Sin ellas se despeja el entorno del personaje central y eso nos facilita penetrar en su intimidad. Se nos revela la tierna miga abrigada por una áspera corteza, transfigurada en un amor sublime derramado sobre una humanidad doliente y caída, y profundizamos en la devoción infinita que sentía por su venerado Maestro, el dios de los Profetas, como él lo llamaba.

Ángela Edo nos ofrece un canto espiritual entrañablemente humano, en el que se hace preciso leer entre líneas, lo que en verdad siempre sucede con las obras de esta autora.              
 En un pasado muy, muy remoto, los imprevisibles movimientos geológicos determinaron que, en lo más recónditas entrañas de una impenetrable cordillera, quedara atrapada una porción de humanidad y que, al encontrarse incomunicada, se mantuviera aferrada a sus ritos ancestrales. Digamos que se petrificó, acaso se redujera a conservarse latente en una burbuja atemporal tan reducida que en ella no cabía la esperanza. Esas almas perdidas poseían la técnica de la obtención del fuego por medio del pedernal, pero en aquel extraño lugar esa técnica se mantenía en secreto y fuera del alcance de la masa común. Adoraban el Espíritu del Fuego y en el ceremonial religioso, todo giraba en torno de él y de los tabúes en que el jerarca supremo lo envolvían. El Espíritu del Fuego tenía una faz sombría; de aquí que se le desagraviaba con víctimas humanas sin que importara la casta a que pertenecían.Raric nació en el Valle Escondido. Lo abandonó siendo muy joven. Consiguió huir de él. Tenía la cabeza puesta a precio y su corazón sangraba por una herida incurable. Esta obra se inicia con su regreso. Se nos presenta como un hombre maduro, con la herida sin cerrar y el entendimiento sazonado. No vuelven por su gusto; sino impulsado por un deber que cumplir. La ley de su linaje le grava con la dignidad de Vengador y esta le señala como ejecutor de ejecutar una justicia que se ha de cumplir, nada más y nada menos que en la persona del Divino Señor, vesánico jerarca que esclaviza con sus despóticas leyes a los pobladores del valle
Raric está solo. Carece absolutamente de todo. Desnudo, sin más vestimenta que un sucinto taparrabo, recorre el valle. Su deambular incansable, siempre a la caza de su oportunidad, lo equipara con una sombra inaferrable. Hay quienes se barruntan que el Vengador ha llegado; nadie consigue verlo.
Tras un transitorio encuentro con el Hombre sin Ojos y su madre, el Hado inconmovible que lo ha tomado como instrumento lo pone en contacto con el sacerdote Aito. Se trata de un hombre íntegro que le abre las puertas de su casa, le oculta y protege, y en él depositó su confianza. Unidos los dos se proponen liberar de la opresión al grupo humano que agoniza en el pozo negro de la desesperación. Este hecho modifica todas las perspectivas: el deber del Vengador se ha sublimado al asumir una obra redentora.              
Marta estaba sola en el más amplio sentido de la palabra: a nadie tenía ni nadie había que se interesara por ella. Para colmo carecía de recursos y se asomaba al dintel de la vejez. Sin que ella misma supiera exactamente de qué modo ocurrió aquello, se encontró instalada en un asilo regentado por religiosas en que se socorría a mujeres desvalidas.

Cabía suponer que el viento de la fortuna llevó a buen puerto el barquichuelo de Marta y le ofreció los medios de asentar su vivir, de no haber sucedido que el capellán del convento tomara ojeriza a una acogida, rebelde y obcecada en su sentir, y no cejara hasta lograr que se la expulsara del asilo.

La madre superiora no opinaba del mismo modo que el capellán. Tomó cartas en el asunto. Bajo mano para no provocar resabios, la favoreció con un empleo y le deparó la oportunidad de empezar de nuevo.

En la presente obra, Marta nos cuenta primero sus piques con el capellán malintencionado. Luego que el trabajo que le proporcionó su protectora no se reducía a ser un anodino empleo. Por el contrario, la convertía en un peón destinado a interactuar en una delicada trama en que entraba en juego el todo y la nada de víctimas inocentes, atrapadas en una vil telaraña, e irremisiblemente sentenciadas a cargar con las consecuencias de pecados ajenos. Se trataba en substancia de desenterrar un obscuro secreto de familia y anonadar los efectos de los que se erigía en causa.

Marta, personaje ajeno al enredo, es el único dotado de la cualidad de objetivo; su pasividad la sitúa como factor aquilatador, y con esa su pasividad contribuye eficazmente a que triunfe la justicia. ¿A quién no le gustan los finales felices aunque se adornen con sabores agridulces?

Y ya basta de hablar por hablar. Lo que cuenta es que mtm pone en manos del lector este material de nuestra Ángela Edo, siempre nueva y múltiple en contenidos. Por consiguiente, al lector corresponde leer, penetrar y entender.

Rudra, hombre apartado de todo trato humano, encuentra un niño recién nacido dado a luz por una madre muerta. Se lo prohija y cría. A los quince años lo lleva consigo a Babilonia. Su propósito es que Ah-raá sea instruido por loss magos (sacerdotes) de ese reino.

Rudra da a Ah-raá el Collar de los Siete Misterios, talismán místico que acredita a su poseedor como heredero legítimo del trono de Babilonia.

Los caminos de padre e hijo se cruzan con los de Siri, el gran mercader, empeñado en comprar el muchacho. Unidos a su caravana, viajan hasta Egipto. En Menfis entran en contacto con los sacerdotes de Osiris, depositarios de la ciencia hermética.

Sobre esta trama montada entre la antigua Asiria y el no menos antiguo Egipto, se desenvuelve “Madre Muerte”, primera parte de la trilogía, en la que se entremezclan sorprendentes aventuras para el lector.s

En la segunda entrega, El Espíritu de la Esfinge, la historia discurre a caballo de las ciudades de Babilonia y Menfis. En esta última, Ah-raá recibe la formación y las seculares enseñanzas del Gran Instructor del Templo de Osiris, y conocerá la auténtica Revelación del espíritu que mora en el interior de la Esfinge, la luz infinita que le impulsará a su veradero Destino.

En la tercera entrega El León Alado, Rudra y Mutk han muerto. Siri ha dejado atrás sus hazañas de Gran Mercader y se ha remansado como un rico comerciante. Ah-raá, concluidos sus estudios, ha alcanzado la categoría de gran mago y ciñe su frente con la corona del “león alado”.

En el trono de Babilonia se sienta un nuevo rey. Humanamente, es una escoria. Está manipulado por una sombra negra y anhela reunir en sí los dos poderes, el religioso y el civil que se equilibran el uno con el otro. Sobre todos pesa la amenaza del Caos.

El gran mago Asauri y Ah-raá se han de enfrentar a una red de intrigas con las que la ambición teje una guerra absurda y ruinosa. Sobre esto gira el hilo argumental.

A Tamara, el Viejo, le tocó conocer el rigor de las desdichas. En sus buenos tiempos se constituyó en el patriarca de uno de los clanes que recorrían la tierra de nadie. La prosperidad le rodeaba; disponía de muchas bestias conducidas por una muchedumbre de hombres, mujeres y niños, todos de una misma sangre. No le arruinó su mala cabeza, sino la mala suerte que en él se cebó con saña. Soplaron vientos de muerte en el desierto y una plaga feroz acabó con los rebaños y con las personas. A su gente que fue multitud, cabía contarla, con sobra de dedos, con los de las dos manos, y sus haberes se reducían a una tierra desastrada. Ya no cabían en la tierra de nadie. Tuvieron que pasar a los asentamientos de los “sedentarios” y en ellos malvivir como mendigos merodeadores. Lo único que se conservaba de tiempos más felices era su honor de nómada. Mientras se mantuviera fiel a él, continuaría sintiéndose un hombre libre.

 

Fue ese honor el que le jugó la última mala pasada. Entre los supervivientes había dos niños, Noha y Janda, nietos suyos, brotes iniciadores de una rama nueva desgajada del viejo árbol. Tamara había jurado a su hijo moribundo, padre de esos niños, que los dejaría asentados en su nuevo camino. No lo tenía fácil. En su ayuda acudió a lo Imponderable que lo llevó por sendas escondidas.

 

Con este título, “Deuda de honor”, se pone fin a la COLECCIÓN LEGADO que comprende la obra literaria de una autora tan singular como es Ángela Edo y de la de su hija Liberta Bassas. Durante una etapa que se ha prolongado a lo largo de años, mtm ha asumido la tarea de dar esa OBRA a la luz. Ahora, con la labora cumplida, esta Editorial quiere agradecer a sus lectores el apoyo que en ellos ha encontrado. 

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