En El enebro (1985), Barbara Comyns habla con singular magia y penetración de todas las cosas y personas –de un arcón a un amante o una cocinera− que pasan a formar parte de la vida, de cómo entran y salen, y de cómo configuramos nuestro espacio con lo nuevo y con lo que se pierde o muere... y todo en una insólita y compasiva versión de uno de los cuentos más terroríficos de los hermanos Grimm. Como dice Margaret Drabble, la novela es «un sofisticado relato de emociones adultas, narrado sin sentimentalismo, y sin ninguna idea preconcebida y convencional de cómo debe vivirse la vida».
Barbara Comyns (1909-1992), nacida Barbara Irene Veronica Bayley, vino al mundo en un pueblecito de Warwickshire, Bidford-on-Avon. Su padre era químico y fabricante de cerveza y su madre pertenecía a una gran familia irlandesa venida a menos. El matrimonio tuvo seis hijos (el mayordomo tenía entre sus funciones enterrar las placentas); la madre perdió el oído en su último parto y el padre, bastante despótico y aficionado a la bebida, murió cuando Barbara tenía quince años, dejando un montón de deudas que forzaron la venta de la casa y la dispersión de la familia. Esta infancia dickensiana sería reconstruida en el primer libro de la autora, Sisters by a River (1947). Barbara estudió arte, fue modelo y pintora y tuvo un negocio de coches antiguos. En 1945 se casó con Richard Comyns Carr, funcionario del Foreign Office a las órdenes de Kim Philby, con quien años más tarde tendría que huir de Inglaterra a Ibiza y luego a Barcelona, donde viviría 16 años. De fondo autobiográfico, Y las cucharillas eran de Woolworths (1950) es la segunda novela de su autora y reconstruye su matrimonio-relámpago con el artista John Pemberton en el Londres bohemio de los años 30. Otras novelas suyas son Who Was Changed and Who Was Dead (1955) y La hija del veterinario (1959). Su obra ha sido alabada por Graham Greene y Alan Hollinghurst. Murió en Shropshire en 1992.