También a la psicología evolutiva, así como a los pediatras y psicoanalistas infantiles, desde Spitz hasta Winnicott. A las concepciones del yo y del inconsciente desarrolladas por Freud y ampliadas por Ferenczi, Lacan, Dolto, Nasio y otros.
Recurre además a su propia experiencia como psicodramatista y analista corporal, donde el juego libre produce intensas regresiones, permitiendo al yo observarse a sí mismo y a sus defensas. Sumada a una larga trayectoria en el Hospital Borda, donde asistió a los desmoronamientos del yo con sus fragilidades.
Redefine y amplía conceptos básicos como representación psíquica, imagen, inefable, juego, palabra.
La palabra nos hace sujetos y nos sujeta a ella. Es un producto final muy complejo, una síntesis no total del universo de las representaciones corporales, inabarcables para el lenguaje. El yo es un complejo producto virtual nunca acabado. Portamos, en formas muy variadas, una fragilidad inherente a nuestra constitución psíquica.
El narcicismo como compensación de las fallas del yo corporal. La certeza de existir sin necesidad de ser esclavo de la propia imagen. Una integración no enajenada en un solo yo.
Por último, la paradoja del amor como una amenaza al yo y la agresión como su defensa.