El sol se había retirado. Distantes truenos recorrían la cúpula; resplandores eléctricos iluminaban el rojo creciente desde dentro.
Un inmenso torbellino de negrura horadaba el cielo. Desde sus entrañas, una horda de bestias aladas, conformando una plaga negra, se precipitó sobre el mundo de los inocentes.
La puerta del infierno estaba abierta.
Escritor de relatos de terror, ciencia ficción. Y haikus.
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