Su concepción de la pulsión, tan radicalmente diferente al instinto animal, lo llevó a postular lo que conocemos como el primer y segundo despertar sexual, los que respectivamente se corresponden con los tiempos de la infancia y de la pubertad.
La práctica del psicoanálisis con analizantes que atraviesan la llamada “edad media” de la vida, me condujo al hallazgo de lo que llamo el tercer despertar. Su función no es del orden de la estructura del sujeto tal como la pensamos desde el psicoanálisis, por eso la planteo desde la modalidad lógica de lo contingente.
El sintagma freudiano “sexualidad y muerte”, es el efecto esperable del despertar sexual. Es en el tercero, cuando la cercanía de la muerte se anuncia en el horizonte de los humanos, que dicha articulación promoverá la subjetivación de la misma, atenuando el dramatismo de lo que el discurso común nombra “vejez”.
S.W.