Como punto de partida, el texto comienza delimitando qué se entiende por «buena práctica» y señalando algunos criterios y dimensiones que podemos considerar a la hora de identificar este tipo de acciones. Unido a ello, puesto que los programas o experiencias que se presentarán en el libro responden a distintos tipos de medidas (prevención, intervención o compensación), se incluye un análisis de sus aspectos comunes y diferenciales. Para finalizar esta primera unidad, se abordan los planes específicos de organismos, administraciones e instituciones cuyas directrices generales inciden en la concreción de programas o experiencias particulares.
En el diseño de programas efectivos en la lucha contra el fracaso escolar y el abandono, la evaluación es un elemento fundamental. Sin evaluación, careceremos de criterios empíricos robustos que nos permitan determinar si nos encontramos ante esas «buenas prácticas» que merece la pena abordar. Por ello, en la segunda unidad se realiza un recorrido general por la evaluación de programas, comenzando por una delimitación conceptual precisa y con la identificación de cuatro elementos básicos que la caracterizan: la recogida de información, su carácter sistemático y técnico, la valoración a partir de criterios de referencia y su implicación en la toma de decisiones. Posteriormente, se reflexiona acerca de la necesidad de la evaluación y los beneficios que esta reporta. Tras esta visión teórica, se aterriza en su puesta en práctica: qué condiciones generales debe poseer la evaluación de programas, qué modelos podemos encontrar y como se diseña y planifica.
Estas dos primeras unidades, aportan un marco teórico de referencia para abordar las buenas prácticas que se presentan en las tres unidades subsiguientes, centradas en programas y experiencias de centro (Unidad 3), de aula (Unidad 4) y del ámbito socioeducativo (Unidad 5).
Dentro de los programas y experiencias de centro, estas han sido agrupadas en cuatro grandes bloques: medidas organizativas y de gobernanza, centradas en el ámbito docente, en el fomento de la implicación y participación de los padres y en la mejora de la cultura y el clima del centro. Tras una breve introducción a cada uno de estos bloques, se pasa a describir una serie de buenas prácticas indicando las referencias a las que se puede acudir para ampliar información sobre las mismas.
En la cuarta unidad, cuyo objetivo es presentar programas y experiencias de aula, se reivindica el papel determinante de este espacio para conseguir incrementar tanto los niveles competenciales de los estudiantes como su motivación, actitudes positivas hacia la escuela, clima positivo, etc., factores que se situarán en la base de la reducción del fracaso escolar y el abandono y que dependen en gran medida de elecciones didácticas del docente y que pueden ser lideradas por este en el trabajo con su grupo clase. En la selección de experiencias se ha tenido en cuenta su versatilidad y su representatividad en distintos cursos, disciplinas y ante diferentes objetivos. En concreto se presentan buenas prácticas relacionadas con: aprendizaje basado en problemas, gamificación, aprendizaje servicio, aprendizaje por proyectos, diseño universal para el aprendizaje, aprendizaje entre iguales y mobile learning.
Por último, la quinta unidad se dedicará a tratar aquellas medidas que parten del ámbito socioeducativo, medidas efectivas en aquellos casos en los que la escuela no llega a ofrecer la respuesta requerida por los estudiantes. La falta de vinculación o desafección con el centro educativo suele estar en la base de algunos problemas de fracaso escolar o abandono temprano del sistema educativo, este hecho dificulta que las iniciativas que parten del propio centro lleguen a este tipo de alumnado y sea preciso abordar otras posibles acciones desde el ámbito socioeducativo. Con el propósito de mostrar un ejemplo de estas buenas prácticas, se ha estructurado el contenido en cuatro epígrafes principales, en los que se abordan las acciones desde las bibliotecas, la labor de los mediadores socioeducativos, las actividades extraescolares y las conocidas como escuelas de segunda oportunidad.
Eva Expósito-Casas