El recorrido introduce una pregunta difícil, incómoda, acerca de la posición del analista ante los padres y parientes de su analizante niño: “¿Será porque esta gente, estos padres y parientes que vienen a vernos, están tan mal posicionados ante el síntoma del niño, tan desfallecientes, tan divididos, destituidos y desautorizados, que los analistas gozan atacándolos de frente?”. Es una pregunta sobre la que conviene reflexionar porque incluye una opción ética.
Una vez más, el lector se encontrará con un analista hablando de su quehacer, cuestionándose, exigiéndose dar cuenta de los fundamentos de su posición recurriendo a ideas de otro campo, pero sin traicionar al psicoanálisis.