Imposibilitada de andar debido a una enfermedad que la aquejó desde su infancia, Oliver llevó, sin embargo, una vida itinerante, y pasó mil aventuras que relata con inteligencia, picardía y sagacidad. Los textos de No soy turista, muchos de ellos inéditos, nos entregan a una María Rosa Oliver difícil de definir, como nos revela Adriana Petra en su prólogo: "Una mujer que vivió con el siglo xx y decidió, contra todo pronóstico, que su destino estaba en atravesar fronteras, y en hacer del movimiento una forma de comprensión y compromiso político e intelectual. Desde las marañas de su cuerpo, aprendió a leer el mundo rodando".
María Rosa Oliver era hija de Francisco José Oliver, diputado nacional conservador y, luego, último ministro de Hacienda de Victorino de la Plaza, y María Rita Romero, hija de Juan José Romero, miembro de una familia tradicional y ministro de Hacienda en varias oportunidades entre 1881 y 1890.
A los 10 años padeció poliomielitis, que le dejó secuelas de desplazamiento por el resto de su vida. Fue una de las fundadoras de la Unión de Mujeres Argentinas y estrecha colaboradora de Victoria Ocampo en la revista Sur, de la que se separó en la década de 1950 en una fuerte discusión política, cuando la revista adoptó una marcada posición anticomunista.
Estuvo afiliada al Partido Comunista, participó en la ayuda a la República Española y, en 1952, recibió el Premio Lenin de la Paz, aunque luego tuvo discrepancias con la dirigencia comunista local al apoyar tanto a la política comunista en China como a la figura del Che Guevara.