Nací en una ciudad lo suficientemente grande como para que no se notase (Madrid) y ése ha sido precisamente mi gran drama existencial: nunca se ha notado mi presencia en ningún sitio, hasta el punto que he comenzado a preguntarme si es real, extremo que constituye el tema fundamental de mi obra y en el que coincido con la mayoría de los creadores de todos los tiempos, así como con mi amigo el quiosquero, los empleados de la tienda de ultramarinos donde sigo comprando y la mayoría de los que conozco. Por consiguiente, no debería sentirme solo, pero así es y ello constituye otro gran misterio que también forma el núcleo de mi obra: un extraño déficit de afecto que me lleva a intentar encontrar mi hogar en el universo, que es, como todos sabemos, una casa demasiado grande, donde cualquiera puede perderse y de hecho así sucede, sin que hasta el momento haya encontrado la explicación. De todo ello se sigue que cuanto he escrito es una interrogación abierta y me temo que continuará de la misma forma hasta el final, porque el hombre existe en el mundo como pregunta. Durante toda mi vida me he visto impelido a desahogarme con las cuartillas y esta grafomanía explica todos mis libros. Los temas son muy variados: Dios, el amor y la muerte. No creo que se pueda escribir sobre más cuestiones, aunque lógicamente los matices son infinitos.
José Elgarresta