Pedaladas bajo techo

PLANIFICA ASESORES DEPORTIVOS S.L.
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Ayer salí a entrenar. A unos cuatro kilómetros de Zaragoza se entra en el barrio de Montañana y es donde los que entrenamos por esta zona, solemos considerar “meta” oficial de la salida. Más que nada si no quieres dejarte los dientes en lo que resta hasta llegar a casa. Cuatro kilómetros para entrar en la capital y en donde se tienen que ir sorteando pasos de cebra elevados, en donde ya hemos tenido alguna caída seria, un par de rotondas, algún que otro semáforo y coches. Luego tengo otros tres kilómetros de ciudad hasta llegar a mi dulce hogar. Tranquilo que ahora entenderás porque te cuento este rollo.

Miraba los datos de mi ciclo computador justo a la entrada de Montañana y llevaba 1h 35’ de entrenamiento. Una vez recorridos los siete kilómetros que restaban hasta llegar a casa, detenía el tiempo en 1h 55’. Un total de veinte minutos de semáforos y lo anteriormente descrito. Los datos del potenciómetro definían muy bien la situación. Potencia media 155 vatios y potencia normalizada 180 vatios. Ahora te preguntarás qué significan estos dos valores. Muy sencillo:

La potencia normalizada es la estimación de la potencia que un deportista podría haber mantenido, con un mismo coste fisiológico, si su producción de potencia hubiera sido perfectamente constante (Allen & Coggan, 2010).

Resumiendo, los datos que arroja la potencia normalizada se calculan por medio de un algoritmo que tiene en cuenta y desprecia determinadas situaciones como es la deceleración al llegar una rotonda, descenso de un puerto, ir protegido del viento en una grupeta, etc., etc. Podemos decir que la potencia normalizada es un dato más objetivo que la potencia media para evaluar y valorar el trabajo real de una sesión de entrenamiento.

Lo que quiere decir que la potencia media de mi salida no es la realmente neta o magra, ya que he realizado catorce kilómetros (siete de salida y siete de entrada) llenos de rotondas, tráfico y semáforos. Por lo que si a mi salida le resto cuarenta minutos del total que es el tiempo que he empleado en realizar esa gincana de catorce kilómetros, se queda en un entrenamiento limpio de 1h 15’. ¿Sabes qué potencia media y potencia normalizada hubiese resultado si esa hora quince minutos, la hubiese realizado en el rodillo?

[...]

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Recuerdo que allá por el año 1998 me llamó por teléfono, no recuer- do si a casa o al trabajo, un tal José Ma Arguedas. En aquel momento por temas de mi profesión, aunque más por mi afición, estaba bastante vincu- lado al mundo del ciclismo. José Ma quería tener una conversación y hacerme alguna consulta referente a su salud y al entrenamiento. Desde el primer momento me di cuenta que era un individuo preciso y organizado: su historial médico, analíticas..., todo perfectamente en orden. Al poco tiempo coincidí con José Ma en un programa de radio sobre ciclismo, en la que él era el responsable de la sección de cicloturismo. Desde entonces dejó de ser José Ma para pasar e ser Chema.

Han pasado algunos años y, aunque no hemos coincidido con frecuen- cia en las salidas en bici de los sábados y en cicloturistas, he podido observar su gran mejora y evolución en la bici. Chema siempre ha tenido mucho interés sobre temas de fisiología aplicada al ejercicio, sobre temas de entrenamiento, nutrición, etc.; por tanto he de confesar que no me sor- prendió mucho, el que me dijera hace poco que estaba escribiendo un libro sobre ciclismo.

Si quisiera decir alguna palabra sobre el enfoque que el autor ha que- rido hacer de los contenidos de su libro, os propongo que imaginéis una situación habitual para nosotros; un día cualquiera por la tarde, hemos salido a entrenar o a pasear en bici y nos encontramos en la carretera con un colega (que pudiera ser Chema); empezáis a hablar y van saliendo dudas, cuestiones, experiencias sobre temas de entrenamiento, rendimien- to físico, temas de nutrición..., y este colega (que pudiera ser Chema) te va contando, te explica (sin pizarra, porque estamos entrenando o pase- ando con la bici) lo que pasa con el glucógeno muscular cuando entrena- mos largo y duro, que ocurre con la frecuencia cardiaca al principio de la temporada, o cual es el ritmo que tenemos que llevar para subir un puer- to exigente. La explicación sobre estos temas que Chema nos daría sería clara y adecuada para alguien aficionado a la bici que tiene interés por

conocer algunas explicaciones sobre su entrenamiento, fisiología del ejer- cicio, nutrición y preparación física.

En este libro encontraremos explicaciones sobre temas de medicina aplicada al ejercicio y al entrenamiento que nos ayudarán a entender muchos de los conceptos de los cuales hablamos en tertulias o en almuer- zos de ciclistas, a veces sin tenerlos muy claros. El lenguaje es ameno y comprensible y por eso de fácil lectura. Los grandes bloques de conteni- dos que encontraremos ampliamente desarrollados son: La planificación de la temporada, su estructura, los principios del entrenamiento, las cuali- dades físicas y su entrenamiento, el umbral anaeróbico, el consumo máxi- mo de oxígeno, el proceso de recuperación, la nutrición y un plan de entrenamiento anual para el ciclista.

Hoy el ciclismo profesional, de referencia para muchos, quizá no esté pasando por su mejor momento por diferentes circunstancias. Pero el ciclo- turismo, practicado desde su vertiente más relajada, o la forma de practi- carlo puramente competitiva, está alcanzando niveles de participación verdaderamente sobresalientes. La experiencia que el autor ha alcanzado en los temas de preparación física para el ciclista, hace que este libro sea muy adecuado para el cicloturista de hoy.

Felicito a Chema Arguedas por haber escrito un libro tan completo en relación al entrenamiento del ciclista y le animo para que nos vaya con- tando en futuras publicaciones nuevas experiencias.

 

Son múltiples los motivos que pueden llevar a un colectivo de ciclistas a buscar y hacerse con un manual de entrenamiento. Pero todos tienen un fin en común: mejorar su rendimiento.

Aunque muchas veces entre unos y otros nos pongamos a bajar de un burro, que si no me has esperado cuando he pinchado, porqué tiras si sabes que hoy me voy a quedar, a ver si se atraganta ese con la barrita, a ver si aprendes a dar relevos, etc., etc., en definitiva todos tenemos una pasión, algunas veces ciega, por todo aquello que esté relacionado con una bicicleta. No hace mucho me reía cuando salí a rodar con un amigo y me contaba una situación que había tenido en la noche anterior con su mujer y que definía a la perfección qué nos diferencia al resto de indivi- duos:

Se encontraban en el salón de su casa viendo una serie de televisión que siguen desde hace tiempo. En un momento dado y ante una escena un tanto tórrida, su mujer hizo un comentario:

– ¡Jo! En aquellos tiempos los hombres sólo pensabais en comer, beber, luchar y fornicar.

Él, se la quedó mirando con una leve sonrisa y añadió: – Eso es porque todavía no había bicicletas...

He aquí el verdadero espíritu ciclista en el que ante cualquier situación, aunque sea de lo más inverosímil, siempre sabe extraer una lectura distin- ta sobre el resto de los mortales. Tenemos sello de identidad propia.

Todos pasamos por varias fases. Bueno, no todos. Salvo aquellos que dan pedales desde su más tierna infancia y que cuando nosotros vamos, ellos ya vuelven. Duermen a pierna suelta la noche anterior a una prueba, cuando en tu caso parece que estás sincronizado con las señales horarias porque no te pierdes ninguna. Ellos salen relajados con la típica tensión del momento, cuando tú ya sales cansado porque durante tu insomnio has repasado el recorrido una docena de veces. Si antes de la salida, ellos sienten ese cosquilleo de mariposas en el estómago, lo tuyo deben ser ele-

fantes por el nudo que se te ha puesto.En definitiva, ellos siguen querien- do pero ya no están enamorados como es tu caso.

[...]

 

Mi primera participación en la marcha cicloturista Quebrantahuesos fue en el año 1995. Aquel año me presentaba en la línea de salida sin prisas, sin nervios y sin conocimiento. Ausencia de conocimiento debido a la poca información con la que contaba sobre la marcha y ausencia de conocimiento porque hacía falta tener poco talento para meterme en semejante berenjenal de la forma que lo hacía (llevaba escasamente tres meses saliendo en bicicleta). De hecho ni tenía bicicleta de carretera. Por lo que afrontaba la prueba con una bicicleta de montaña y cubiertas, que aunque eran lisas, eran de una anchura más que considerable. Llegué a la salida poco antes del inicio de la marcha por lo que tenía delante un millar de ciclistas. Zapatillas de deporte con rastrales ya que aún no me había dado tiempo a descubrir los pedales automáticos, culotte sin tirantes y un maillot que había comprado en unos saldos del Carrefour. Para verme. Cuando dieron la salida fui engullido por un tumulto de ciclistas y disfruté como creo que no lo he vuelto hacer en ninguna otra edición ya que salí sin nervios, sin presiones y con el único objetivo de finalizar. El tiempo que hice fue lo de menos: 10h 09 minutos.


Pero a partir de participar en la QH, no se si echan algo en los avituallamientos o qué será, mi percepción del cicloturismo cambió radicalmente. Aunque algo tiene de especial cuando es en la única marcha en la que he visto llorar a alguien cuando termina, y no pocos, tatuarse su recorrido en la pierna e incluso pedirse en matrimonio en lo alto de un puerto. Infinidad de historias alrededor de ella. El ambiente que se vive es indescriptible y hay que estar allí para entenderlo. Como algo mediático, que es en lo que se ha convertido, genera pasiones y odios.

Asisten con idea de disputarla aquellos que son unos desconocidos, a pesar de

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ganar carreras en aficionados, y si consiguen ganarla pasan a estar en boca de todos. Por algo es la prueba de referencia a nivel cicloturista, sin menospreciar al resto.

El caso, es que después de aquella participación, hubo monotema para el resto del año y sucesivos: Quebrantahuesos. Y un único objetivo: bajar tiempos. 
 Pero tranquilos que esto se pasa con los años si antes no te han puesto las maletas en la puerta de casa. De hecho, parece ser que el sábado por la noche del día D y una vez terminada la marcha, en algunos restaurantes de la zona se ha pedido champán para brindar. Pero no para que algunos cicloturista celebren que han conseguido su objetivo, sino para las mujeres de estos que brindan porque por fin ha terminado el suplicio. 


-Cariño, ¿nos vamos este fin de semana a coger setas?

-¡Nooo! ¡Tengo que entrenar!


[...]

 

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