Así se inicia el largo camino de Tess de los d’Urberville (1891), que aquí presentamos en una nueva traducción de Catalina Martínez Muñoz. Thomas Hardy traza el retrato, como indica en el subtítulo, de «una mujer pura», y sobre todo de «una mujer con una vida valiosa: una vida que, para ella que la sufría o la disfrutaba, adquiría dimensiones tan grandes como la suya para el soberano». Negado su derecho a la educación, acuciada por un extremo sentido de la responsabilidad, sometida a «una arbitraria ley de la sociedad que no tenía ningún fundamento natural», Tess es sin lugar a dudas una de las heroínas más memorables de la literatura victoriana, precisamente porque cuestiona y rebate, con su azaroso destino, la moral de su época.
«Hardy es una imaginación poderosa, un genio poético y profundo, un alma amable y humana.» Virginia Woolf
Thomas Hardy nació en 1840 en Higher Bockhampton (Dorset), hijo de un maestro de obras. Fue aprendiz y discípulo de un arquitecto en Dorchester y posteriormente delineante en Londres, en pleno fervor del estilo neogótico. En 1872, animado por George Meredith tras haber conseguido publicar tres novelas, abandonó la arquitectura para dedicarse a escribir. Under the Greenwood Tree había iniciado ese mismo año el ciclo de «novelas de Essex», nombre del antiguo reino sajón que había comprendido las actuales regiones de Dorset y Wiltshire; a este ciclo pertenecen, entre otras, Lejos del mundanal ruido (1874; Alba Clásica Maior núm. XV), The Return of the Native (1878), El alcalde de Casterbridge (1886) y Tess of the D’Urbevilles (1891), además de Jude el oscuro (1895; Alba Clásica núm. XI), cuya escandalosa acogida le «curó para siempre», según sus propias palabras, «de todo interés por seguir escribiendo novelas». Su arte se concentró entonces en la poesía, en una serie de volúmenes publicados en su mayor parte después de 1898. Fue autor también de un gran drama épico, The Dynasts (1904-1908). Hardy murió en Dorchester en 1928.
Catalina Martínez Muñoz ha desarrollado una amplia actividad en el campo de la traducción literaria, en equilibrio entre la tradición y la modernidad. A lo largo de su vida profesional ha traducido más de 200 títulos de autores de diversas épocas y géneros, con especial dedicación a los clásicos británicos y estadounidenses del siglo XIX y primer período del siglo XX como Thomas Hardy, Robert Louis Stevenson, Wilkie Collins, Rudyard Kipling, Joseph Conrad, Oscar Wilde, H. G. Wells D.H. Lawrence, Mark Twain o Henry James; grandes autoras clásicas como Virginia Woolf, Edith Wharton, Willa Cather o Doris Lessing, y contemporáneas como Anita Brookner y Rachel Cusk. En el campo de la novela negra, ha traducido a Elmore Leonard, David Peace y Eoin Mcnamee. En el apartado de no ficción sus trabajos incluyen ensayos de ciencias políticas y sociales, psicoanálisis, crítica literaria y catálogos de exposiciones.